La historia del Camino de Santiago empieza con un sepulcro, una leyenda y un rey que salió de Oviedo para verlo con sus propios ojos. Doce siglos después, la ruta sigue viva, y entender de dónde viene cambia la forma de recorrerla.
Esta guía no es un tratado. Es un repaso práctico de los momentos que explican lo que vas a ver por el camino: por qué hay tantos hospitales y puentes, de dónde salen las flechas amarillas o por qué unos caminos se llaman como se llaman.
El origen: la tradición del apóstol y la Traslatio
Según la tradición, el apóstol Santiago el Mayor predicó en Hispania y, tras su martirio en Jerusalén, sus discípulos llevaron el cuerpo en barco hasta las costas de Galicia. Desembarcaron en Iria Flavia, la actual Padrón, y lo enterraron tierra adentro, en un bosque que con el tiempo se olvidó.
Ese viaje por mar se conoce como la Traslatio. Hoy se rememora en la Ruta del Mar de Arousa y Río Ulla, que navega la ría y el río y termina con una etapa a pie de Padrón a Santiago. Si te interesa la parte más legendaria del Camino, es la forma más directa de vivirla.
El hallazgo del sepulcro y el primer peregrino
En la primera mitad del siglo IX, un ermitaño llamado Pelayo vio unas luces sobre un monte. Avisó a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, que identificó allí el sepulcro del apóstol. El lugar pasó a llamarse Compostela, y sobre la tumba se levantó una primera iglesia.
La noticia llegó a la corte de Asturias. El rey Alfonso II el Casto viajó desde Oviedo hasta el sepulcro, y por eso se le considera el primer peregrino. Su recorrido es el germen del Camino Primitivo, que todavía hoy sale de Oviedo y cruza las montañas asturianas y lucenses.
La Edad Media: la gran época de la peregrinación
Entre los siglos XI y XIII, Santiago se convirtió en uno de los grandes destinos de peregrinación de la cristiandad, junto a Roma y Jerusalén. Llegaban peregrinos de toda Europa, y a su paso crecieron pueblos, mercados, puentes y hospitales.
De esta época vienen muchas de las cosas que verás hoy:
- La catedral románica. Se empezó a construir a finales del siglo XI, y el Pórtico de la Gloria, obra del Maestro Mateo, se levantó a finales del siglo XII.
- El Códice Calixtino. Un manuscrito del siglo XII cuyo quinto libro funciona como una guía para peregrinos: describe etapas, ríos, pueblos y peligros del camino.
- Los hospitales de peregrinos. Órdenes religiosas, reyes y cofradías abrieron lugares para dar cama, comida y cuidados. Son los antepasados directos de los albergues.
- Los Años Santos. Según la tradición, la Iglesia concedió a Santiago el privilegio del Año Santo Jacobeo, que se celebra cuando el 25 de julio, día del apóstol, cae en domingo.
El Camino Francés tomó entonces la forma que conocemos: un eje que atraviesa el norte peninsular desde los Pirineos. Por mar llegaban también peregrinos del norte de Europa, que desembarcaban en Ferrol o A Coruña y seguían a pie por lo que hoy es el Camino Inglés.
Siglos de declive y un sepulcro escondido
A partir del siglo XVI la peregrinación perdió fuerza. La Reforma protestante, las guerras de religión en Europa y las epidemias redujeron mucho el número de viajeros que se ponían en marcha hacia Santiago.
En 1589, ante el temor a un ataque inglés sobre la costa gallega, el arzobispo Juan de Sanclemente mandó esconder los restos del apóstol. Quedaron ocultos durante casi tres siglos, hasta que unas excavaciones bajo el altar mayor los localizaron en 1879. Pocos años después, en 1884, el papa León XIII confirmó su autenticidad con la bula Deus Omnipotens.
La historia del Camino de Santiago en el siglo XX
El gran cambio llega en los años ochenta. Elías Valiña, párroco de O Cebreiro, recorrió la ruta con un bote de pintura amarilla y fue marcando el trazado con flechas. Aquella idea sencilla es hoy la señal más reconocible de cualquier camino jacobeo. Lo contamos con más detalle en nuestra guía de símbolos del Camino de Santiago.
A partir de ahí, los reconocimientos llegaron uno tras otro:
- 1987. El Consejo de Europa declara el Camino de Santiago primer Itinerario Cultural Europeo.
- 1993. La UNESCO inscribe el Camino Francés en la lista del Patrimonio Mundial. Ese mismo año, un Año Santo, Galicia impulsa el Xacobeo y el Camino gana una enorme visibilidad.
- 2015. La UNESCO amplía la declaración a los Caminos del Norte peninsular, entre ellos el Primitivo y el de la Costa.
Desde entonces se han recuperado y señalizado muchas rutas que habían perdido peregrinos, como el Camino de Invierno, el Sanabrés o la Vía de la Plata.
Cómo se nota la historia cuando caminas
Saber todo esto no es solo cultura general. Te ayuda a mirar el camino con otros ojos y a decidir qué ver en cada etapa:
- Puentes y calzadas. Muchos se construyeron o reforzaron para el paso de peregrinos. Fíjate en ellos al entrar y salir de los pueblos.
- Iglesias románicas. Jalonan el Francés y el Primitivo. Muchas abren solo en ciertos momentos, así que pregunta en el pueblo antes de dar el rodeo.
- La credencial y la Compostela. Heredan los salvoconductos y los certificados que recibían los peregrinos medievales. Si vas a sellar, lee antes cómo funcionan en la guía de credencial y Compostela.
- El final en Santiago. La catedral, la plaza del Obradoiro y el antiguo hospital de peregrinos resumen en pocos metros toda esta historia.
Conclusión: camina sabiendo de dónde vienes
El Camino que harás es el resultado de doce siglos de peregrinos, reyes, obispos, monjes y párrocos con pintura amarilla. Conocer su historia no te ahorra kilómetros, pero da sentido a cada puente, cada iglesia y cada sello.
Si quieres que alguien te cuente la catedral y la ciudad con calma al llegar, busca un guía oficial en el directorio de Camino Directo y reserva la visita antes de empezar a caminar.