Penúltima etapa con llegada a Saint-Jean-Pied-de-Port, capital de la Baja Navarra y mítica puerta de entrada al Camino Francés. Paso por Larceveau y Saint-Jean-le-Vieux, descenso a la ciudadela amurallada al pie de los Pirineos.
Inicio y fin de la etapa. La línea es orientativa, no el trazado exacto del sendero.
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Penúltima etapa del Camino del Le-Puy, con la emoción del final cercano. La traza pasa por Larceveau y Saint-Jean-le-Vieux (antigua mansio romana de Imus Pyrenaeus), avanzando por el valle al pie de los Pirineos, ya imponentes al sur, hasta llegar a la mítica Saint-Jean-Pied-de-Port.
Saint-Jean-Pied-de-Port (Donibane Garazi en euskera), capital de la Baja Navarra, es una de las localidades más emblemáticas de toda la peregrinación: ciudadela amurallada con sus calles empedradas (rue de la Citadelle, rue d'Espagne), la puerta de Saint-Jacques (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), el puente sobre el río Nive y la ciudadela de Vauban en lo alto. Es el final del Camino del Le-Puy y el punto de partida más popular del Camino Francés hacia Roncesvalles y Santiago.
Saint-Jean-Pied-de-Port ofrece todos los servicios: numerosos gîtes y albergues, hoteles, restaurantes, comercios, oficina de acogida de peregrinos, estación SNCF (línea a Bayona). Visita imprescindible a la ciudadela, la puerta de Saint-Jacques y la rue de la Citadelle. Ambiente jacobeo intenso, con peregrinos de todo el mundo preparándose para cruzar los Pirineos.
Sí, marca el final de la Via Podiensis (GR65) y el enlace con el Camino Francés. Muchos peregrinos que han hecho el Le-Puy continúan desde aquí hacia Roncesvalles y Santiago, o regresan tras completar la travesía francesa de unos 750 km.
Porque Saint-Jean-Pied-de-Port es el punto de inicio más popular del Camino Francés: desde aquí se cruzan los Pirineos hacia Roncesvalles en la primera etapa española. La oficina de acogida entrega credenciales y registra a miles de peregrinos cada año.
Una fortaleza en lo alto de la villa, reformada por Vauban en el siglo XVII sobre defensas medievales navarras. Ofrece las mejores vistas de la ciudad amurallada, el valle del Nive y los Pirineos. La subida desde la rue de la Citadelle es corta pero merece la pena.