Etapa industrial entre las dos grandes ciudades de la costa asturiana. Salida por polígonos y carreteras de Gijón, paso por Tamón y entrada en Avilés por su ría rehabilitada y el centro Niemeyer.
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Toca etapa sin glamour pero útil: enlazar las dos grandes urbes de la costa asturiana. La salida de Gijón es la peor parte del día, atravesando los polígonos industriales del oeste de la ciudad y un par de tramos por arcén. La señalización mejora a partir de Veriña, donde el Camino se separa de las grandes vías y entra en zona más rural.
El paso por Tamón y luego por Trasona, con su embalse, marca el ecuador de la etapa. Desde ahí se avanza ya hacia Avilés, ciudad mucho más pequeña y compacta que Gijón, con un casco histórico medieval precioso completamente peatonalizado y un sorprendente centro cultural Óscar Niemeyer al otro lado de la ría, una de las pocas obras del arquitecto brasileño en España.
Etapa con bastante asfalto y entorno industrial en la primera mitad, paisaje más amable en la segunda. Servicios suficientes en Tamón y Trasona. Avilés tiene albergue municipal de peregrinos en pleno centro y abundante oferta de pensiones y hoteles. Conviene reservar en verano.
No con flechas oficiales. Algunos peregrinos toman el cercanías hasta Veriña para saltarse los primeros 6 km, opción legítima si llegaste agotado el día anterior.
Mucho. El casco histórico es uno de los conjuntos medievales mejor conservados del norte y la visita al Centro Niemeyer (entrada gratuita al espacio exterior) se hace en una hora.
Solo si llevas buen ritmo y eres caminante experimentado. Avilés a Soto de Luiña son otros 22 km duros: 47 km en total es demasiado para casi todo el mundo.