Etapa cómoda y llana por el corazón de la Terra Chá, con prados, regatos y aldeas dispersas hasta llegar a Vilalba, una de las villas más importantes del interior lucense.
Inicio y fin de la etapa. La línea es orientativa, no el trazado exacto del sendero.
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Día de descanso relativo: 20 km llanos por la Terra Chá, sin grandes desniveles y por pistas en buen estado. Sales de Abadín y atraviesas Goiriz, Castromaior y A Lagoa, todas parroquias rurales con sus iglesias parroquiales románicas o barrocas y sus respectivos cruceros. El paisaje es de prados verdes, ganado vacuno y los típicos hórreos gallegos de pizarra y granito.
La entrada en Vilalba es por la zona del polígono industrial, menos amable, pero compensa el descubrimiento del casco histórico con la Torre dos Andrade, fortaleza medieval del siglo XV reconvertida en Parador Nacional (uno de los más singulares de España). La villa es referente gastronómico por el capón de Vilalba, ave de corral cebada en una raza autóctona, y por los queixos de San Simón de la comarca cercana.
Etapa amable, ideal para recuperar tras la dureza de Lourenzá-Abadín. Pocos servicios intermedios pero suficiente para un día corto. Vilalba tiene albergue público de peregrinos, parador, varios hoteles y pensiones, y abundante oferta gastronómica. Mercado importante los miércoles.
Si llevas presupuesto holgado, sí. Es uno de los paradores más históricos de la red, con habitaciones en la torre medieval. En verano hay descuento para peregrinos en algunas tarifas, conviene consultar.
Sí, especialmente si quieres conocer la Reserva de la Biosfera Terras do Miño o las playas fluviales de A Pastoriza. Es típico tomarse un día de descanso aquí.
El capón de Vilalba con castañas, plato navideño con denominación de origen. Fuera de temporada, el queso San Simón ahumado y el bacalao a la gallega son apuestas seguras.