Etapa corta y amable de 12,9 km por el fondo del valle del Sil, entre viñedos de godello y aldeas como Arcos y Vilamartín de Valdeorras, hasta la villa de A Rúa y su puente romano da Cigarrosa.
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La jornada más amable de toda la ruta: apenas 12,9 kilómetros prácticamente llanos por el fondo del valle del Sil, perfectos para recuperar piernas tras dos etapas largas. El camino avanza entre viñedos en bancales de la D.O. Valdeorras, donde el godello ha vivido un renacimiento que hoy es orgullo de la comarca, pasando por aldeas tranquilas como Arcos y por Vilamartín de Valdeorras, a media etapa.
La llegada a A Rúa tiene premio histórico: el puente da Cigarrosa, de origen romano, por el que la vía XVIII salvaba el Sil, recuerda que este corredor lleva dos mil años comunicando la meseta con Galicia. A Rúa, villa ferroviaria y vinícola asomada al embalse de San Martiño, es un fin de etapa cómodo y con todos los servicios.
Vilamartín de Valdeorras, hacia el km 7, dispone de bar y albergue, útil para quien quiera redistribuir jornadas. A Rúa concentra alojamientos, supermercados, farmacia y restauración, además de bodegas visitables en los alrededores. Es buen sitio para una tarde de descanso activo y una copa de godello.
Los muy andarines unen O Barco con Quiroga (unos 41 km), pero no es recomendable: la etapa 4 es larga y la zona intermedia tiene pocos servicios. Lo habitual es disfrutar de esta jornada corta como descanso a mitad de ruta.
Un puente de origen romano sobre el Sil, reformado en siglos posteriores, vinculado a la mansión viaria de A Cigarrosa en la vía XVIII. Es el símbolo de A Rúa y la entrada natural del peregrino a la villa.
La oferta de la villa se apoya sobre todo en pensiones y hostales. El albergue más cercano queda en Vilamartín de Valdeorras, 6 km antes, así que conviene planificar la pernocta según presupuesto.