Etapa de 28,2 km por el tramo más angosto del valle del Sil, con el túnel romano de Montefurado como hito, la entrada en la provincia de Lugo y los olivares de Bendilló antes de llegar a Quiroga.
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Etapa larga y solitaria por el tramo donde el valle del Sil se estrecha y se vuelve más agreste. La ruta deja atrás A Rúa y los grandes viñedos para avanzar por laderas de monte bajo y aldeas pequeñas, con un hito que justifica por sí solo la jornada: Montefurado, el monte horadado por los romanos con un túnel de más de cien metros para desviar el cauce del Sil y rebañar el oro de su lecho. Dos mil años después, la boca del túnel sigue tragándose el río.
Poco después el camino cambia de provincia: de Ourense a Lugo, tercera de las cuatro gallegas que pisa esta ruta. El paisaje sorprende entonces con un rasgo insólito en Galicia: los olivares de Bendilló y Vilachá, herencia de una tradición aceitera que Quiroga ha recuperado con orgullo. La villa, recostada entre el Sil y las primeras sierras de O Courel, cierra la jornada con ambiente de montaña.
Los servicios intermedios son escasos: conviene salir de A Rúa con agua y comida. Montefurado y Bendilló tienen poco más que la sombra de sus iglesias, y solo hacia el final aparecen opciones. Quiroga dispone de albergue, hostales, supermercados, farmacia y restaurantes, además de un museo etnográfico y su famosa fiesta del aceite.
La boca del túnel se contempla desde el entorno del pueblo y desde la carretera, aunque no es visitable por dentro. Es uno de los grandes monumentos de la ingeniería romana en Hispania y la foto obligada de la etapa.
Las opciones intermedias son muy limitadas y dependen de temporada, como los apartamentos rurales de Soldón. La planificación segura es contar con hacer la etapa completa hasta Quiroga.
El microclima mediterráneo del cañón del Sil permitió desde antiguo el cultivo de olivo y vid. Quiroga conserva esa tradición aceitera, con molino propio y una fiesta del aceite cada primavera, algo único en el noroeste peninsular.