Duodécima etapa con cruce simbólico del Pont Romain sobre el Dourdou y salida en empinada subida de Conques. Travesía de mesetas del Quercy y descenso final al valle del Lot en Livinhac-le-Haut.
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Etapa dura por desnivel y exposición. Salida ritual cruzando el Pont Romain sobre el Dourdou, donde tradicionalmente los peregrinos arrojaban una piedra del Aubrac como ofrenda de despedida del Rouergue. La inmediata subida a Saint-Foy, en sendero pedregoso muy empinado, es uno de los repechos más recordados del recorrido.
Una vez en la meseta, el camino se aplana y atraviesa pequeñas aldeas como Noailhac y Decazeville antes del descenso final al valle del Lot. Livinhac-le-Haut, en la orilla del río, marca la entrada en el departamento del Lot y en la región tradicional del Quercy, con sus paisajes calizos blanquecinos.
Livinhac-le-Haut tiene gîte communal, gîtes privados, restaurante, panadería y comercios básicos. Etapa físicamente exigente, conviene salir con desayuno fuerte y agua abundante. La subida inicial requiere paciencia y bastones. Vista trasera de Conques hacia la mitad del repecho es imprescindible.
Es una tradición jacobea documentada: el peregrino lleva una piedra desde el Aubrac (de la travesía mítica) y la deposita en el Dourdou simbolizando dejar atrás un peso o pecado. Costumbre todavía viva entre peregrinos que conocen la liturgia del camino.
Más de 250 metros de desnivel positivo en algo menos de 2 km, con tramos de pendiente superior al 20%. Es de los repechos más duros en distancia corta del Camino del Le-Puy. Subir despacio y descansar a media rampa para fotografiar Conques.
El GR65 la rodea sin entrar en el centro urbano: Decazeville es una antigua ciudad minera industrial sin gran atractivo jacobeo. Quien quiera servicios o farmacia puede desviarse mínimamente. La traza oficial mantiene el sendero rural.